
Como dice la canción y sin pensarlo dos veces, Tejada dijo ¡basta, no
más!… En el fondo sabía que todavía podía seguir, pero era el momento
oportuno para marcharse. “Creo que fui el único pelotero que jugó en el
tiempo que no tenía que jugar. Yo jugué lo suficiente. No creo que me
quede un turno por coger, cogí los turnos que cogí y me siento orgulloso
de finalizar ahí”, enfatizó Tejada, quien acciono durante 16 temporadas
en Grandes Ligas.
Trató de entregarlo todo en el terreno de juego y aun cuando sus
estadísticas reflejaban cierto descenso en las últimas campañas, cada
vez que el derecho estaba en la caja de bateo, generaba gran respeto por
su trayectoria en el juego.
“No me faltó nada. Logré todo lo que necesitaba para jugar”,
manifestó el carismático Miguel, quien finalizó con promedio de .287,
307 jonrones y 1,302 impulsadas en 2,171 partidos en las Mayores. Pero
ese Miguel, que ahora se uniforma con las Águilas para enseñarles a los
más jóvenes sobre el juego dentro y fuera del terreno, también reconoce
sus fallos.
“Soy un ser humano, tengo derecho a cometer errores. Los errores que
tuve en mi carrera, si no hubiese ocurrido eso, mi carrera hubiese sido
intachable”, resaltó. Entre sonrisas y nostalgia, uno de los iconos del
béisbol criollo se lleva a su casa gratos recuerdos de una carrera con
altas y bajas durante 16 años en Grandes Ligas.
Tampoco olvida lo que
significó para él representar a su nación, asistiendo a diez Serie del
Caribe con el uniforme de las Águilas, Licey y Escogido, además de estar
en tres ediciones del Clásico Mundial de Béisbol.
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